Imagen: Twitter @FundacionEPM
En el páramo de Sonsón, en el oriente antioqueño, se encuentra esta especie de frailejón en una pequeña área de tan solo 100 por 100 metros, exactamente en el cerro Las Palomas. Hasta allí llegó Fernando Alzate Guarín, investigador de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Antioquia (UdeA), quien ha liderado el grupo encargado de la búsqueda de estos individuos. (“Sumercé”, el documental que resalta a los campesinos que cuidan los páramos en Colombia)
Con este nombre científico clasificaron el frailejón encontrado y que vive a 3.300 metros de altura sobre el nivel del mar y a 2 °C de temperatura.
Después de realizar los análisis moleculares del ADN y morfológicos de estos individuos, pares académicos de Rusia y de otros países de Europa validaron la nueva especie, que sería la cuarta en Antioquia. “Desde que comenzamos a explorar, en un proyecto del Comité para el Desarrollo de la Investigación, Codi, para conocer los páramos del departamento, hemos visto el grado de vulnerabilidad de estos organismos: están en espacios muy reducidos, son pocas familias de este gran tesoro, que es hábitat de otras especies de fauna y flora”, comentó Alzate en las publicaciones realizadas por la UdeA en sus medios oficiales. (Águila de páramo retornó a su hábitat natural después de un año de recuperación)
La investigación hace énfasis en su protección y reproducción, asegurando que es una especie “sombrilla”, es decir, si se genera un plan de manejo para este frailejón, se protegería toda la zona páramo que lo circunda. Estiman que cerca de 130 especies de fauna interactúan con él, por ser la casa y el alimento de diferentes especies de aves, como los colibríes, el frailecillo y el chivito de páramo; y de insectos como las abejas, las arañas y las moscas. (“Bomberos” de ruana y sombrero salvaron el Páramo de Sumapaz ¡Gracias campesinos!)
A través de su vellosidad, los frailejones absorben la humedad de la neblina y la liberan en épocas de sequía, con lo cual previenen la erosión de suelos y generan una circulación de agua que llega a quebradas y ríos. Por la edad que pueden alcanzar, sus efectos pueden darse con gran continuidad; algunos llegan a vivir hasta los 200 años.
Por esta razón, Cristian Gildardo Bedoya Botero, director de Turismo de Sonsón, comentó a la UdeA que “Se necesitan otros protocolos, nuevos acuerdos, que las poblaciones desde su sensibilidad, entiendan que esta zona no debe ser intervenida por su fragilidad y sus interrelaciones”.
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