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Investigadores del Museo de Biología del Suroeste (MSB) de la Universidad de Nuevo México han realizado un descubrimiento extraordinario: el colibrí gigante, conocido por su impresionante tamaño, en realidad comprende dos especies distintas. Este hallazgo resuelve un enigma que había desconcertado a los científicos desde los tiempos de Charles Darwin.
El equipo de investigación, liderado por Jessie Williamson, se propuso inicialmente desentrañar el paradero invernal de los colibríes gigantes migratorios. Equipando a las aves con dispositivos de seguimiento en miniatura, lograron rastrear sus migraciones extremas, que abarcan más de 8.300 kilómetros desde las costas del Pacífico en Chile hasta las alturas de los Andes en Perú. Esta travesía reveló que las aves no solo vuelan a grandes altitudes, sino que también hacen pausas para aclimatarse, una estrategia similar a la utilizada por los montañistas humanos.
El estudio, publicado en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, identificó dos especies distintas de colibrí gigante: una residente en los Andes y otra migratoria. La población residente en los Andes, ahora nombrada Patagona chaski en honor a los mensajeros del Imperio Inka, ha evolucionado de manera independiente durante aproximadamente tres millones de años. Esta especie presenta adaptaciones únicas en su sangre y pulmones que les permiten vivir a grandes altitudes durante todo el año.
Por otro lado, el colibrí gigante migratorio del sur ha desarrollado características que le permiten realizar su impresionante viaje entre Chile y Perú, un comportamiento que ha facilitado su diferenciación evolutiva de la especie residente.
El diseño de los dispositivos de seguimiento fue un desafío considerable debido a la fragilidad de estos “diminutos acróbatas de la naturaleza”. Williamson y su equipo desarrollaron una especie de “mochila” ligera que no interfiere con el vuelo de los colibríes, lo que resultó crucial para el éxito del estudio.
La secuenciación del genoma de especímenes de museo, algunos de más de 154 años, fue fundamental para distinguir las dos especies. Este enfoque permitió a los investigadores descubrir que, aunque ambas especies parecen casi idénticas, han seguido trayectorias evolutivas separadas durante millones de años.
Este descubrimiento no solo amplía nuestro conocimiento sobre la biodiversidad de los colibríes, sino que también plantea nuevas preguntas sobre cómo estas dos especies interactúan y se adaptan a sus entornos cambiantes. La investigación futura se centrará en comprender mejor estas interacciones y en proteger a ambas especies en un mundo en constante cambio.
Con este hallazgo, los investigadores han dado un paso significativo en la comprensión de la evolución y migración de los colibríes gigantes, destacando la importancia de las colecciones de historia natural y las innovaciones tecnológicas en el estudio de la biodiversidad.
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