Imagen: Facebook/WilmarMarulandaGrisales
Cuando Wilmar tenía 7 años fue atacado por un perro pitbull y perdió su pierna derecha. A pesar de esta situación, él no tiene complejos por su condición, ve su discapacidad como una fuerza para salir adelante, superar retos y cumplir sus sueños.
Ante la imposibilidad económica de adquirir una prótesis ortopédica, Wilmar Marulanda pensó que una buena idea era moldear un tronco de guadua para mantenerse en pie. Recortó entre 40 y 50 centímetros, y en un sitio especializado se la pulieron para que se ajustara a su cuerpo.
Sin terminar el bachillerato, Wilmar encontró en este deporte un escape a sus preocupaciones. Desde que tenía 15 años comprendió su situación y la movilidad reducida que tenía, pero esto no disminuyó su pasión por los pedales.
Le resultaba bastante incómodo recorrer 50 kilómetros de distancia entre Manizales y Pereira para ir a visitar a su mamá. Impulsado solo por la fuerza de su pierna izquierda, el trayecto se hacía largo debido a las acrobacias y los brincos que debía realizar para mantenerse estable y con buen ritmo.
La cercanía de la ciudad de Manizales con el Nevado del Ruiz sirvió para que Wílmar se interesara por escalar. En 2009, un empresario colombiano montó un proyecto para escalar los 8.848 metros del monte Everest, la cima más alta del mundo. En la expedición quiso que fuese una persona con movilidad reducida. Por eso contactó a algunos de los guías del Nevado, entre ellos a un amigo de Wílmar, quien lo recomendó.
Fue así como partió con rumbo a la cordillera del Himalaya y alcanzó a escalar 7.250 metros. Para esa época ya había conseguido quién le financiara la prótesis, de otro modo su ascenso hubiese sido imposible.
Luego de una invitación para una competencia en la capital del Meta, tomó su bicicleta y pedaleó durante cuatro días por los 409 kilómetros entre Manizales y Villavicencio, con su pierna izquierda, y el deseo de convertirse campeón.
Su plan era quedarse 20 días en la ciudad, pero se quedó definitivamente, tuvo un hijo y le dio un nuevo impulso a su carrera como ciclista, que había comenzado sin muchos bríos en la liga del departamento de Caldas. En Villavicencio se integró a los equipos del departamento, siempre distiguiéndose como el hombre de la guadua en su pierna derecha.
Wilmar Marulanda se gana la vida haciendo domicilios por toda la ciudad. Su forma de hacerlo es sencilla, sus clientes lo llaman y él, hace el favor que necesiten. Entre sus labores está pagar los recibos de servicios públicos y hacer el mercado para sus clientes. Este colombiano tiene un sueño, tener su casa propia. Por eso, trabaja todos los días en su bicicleta.
El director del Instituto de Deportes del Meta, Hugo López, sostiene que trabajan “en un proyecto de vivienda para que los deportistas del departamento puedan acceder a esta vivienda de interés social”.
Ahora Wilmar se ha convertido en uno de los mejores en su especialidad en Colombia y aspira a representar a su país en eventos internacionales.
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