Foto: Suministrada
El aprovechamiento energético de materiales no reciclables avanza como una solución que impulsa la economía circular, reduce emisiones y disminuye el uso de combustibles fósiles.
En Colombia, miles de toneladas de residuos que antes terminaban en rellenos sanitarios comienzan a tener una segunda vida gracias al coprocesamiento de residuos, una tecnología que transforma materiales no reciclables en una fuente de energía para la industria. Esta alternativa se perfila como un aporte importante para la transición energética y el fortalecimiento de la economía circular en el país.
Actualmente, el país solo aprovecha el 12,4 % de los residuos que genera, mientras que el 87,6 % restante termina en disposición final, según cifras del Departamento Nacional de Planeación (DNP). Especialistas señalan que una parte importante de esos materiales podría convertirse en combustible para procesos industriales, reduciendo tanto la cantidad de residuos como las emisiones contaminantes.
Una de las principales aplicaciones de esta tecnología consiste en producir combustibles derivados de residuos (CDR), elaborados a partir de plásticos complejos, textiles, papel y otros materiales que ya no pueden reciclarse.
Estos combustibles son utilizados en hornos industriales de alta temperatura, especialmente en sectores como el cementero, donde permiten sustituir parcialmente el uso de carbón y otros combustibles fósiles sin modificar los procesos productivos.
La empresa ATICA, especializada en gestión integral de residuos, explica que este modelo no reemplaza el reciclaje, sino que aprovecha únicamente aquellos residuos que ya no pueden reincorporarse como materia prima.
Actualmente, la compañía gestiona cerca de 200.000 toneladas de residuos al año, de las cuales más de 120.000 toneladas se reincorporan mediante diferentes esquemas de economía circular. Además, opera tres líneas dedicadas a la producción de CDR, con una capacidad cercana a 7.000 toneladas anuales.
El uso de combustibles derivados de residuos no solo disminuye el consumo de carbón, sino que también evita que estos materiales lleguen a los rellenos sanitarios, donde generan metano, uno de los gases con mayor impacto sobre el calentamiento global.
Según expertos del sector, esta doble contribución permite reducir la huella de carbono de la industria y mejorar la competitividad, al disminuir la dependencia de combustibles cuyos precios están sujetos a la volatilidad del mercado internacional.
Aunque el coprocesamiento de residuos ya se utiliza en Colombia, su implementación aún es limitada frente a otros países donde esta práctica hace parte de la gestión habitual de residuos.
Desde ATICA consideran que el siguiente paso es ampliar su adopción y avanzar en una medición oficial del potencial energético de los residuos generados en el país, con el fin de incorporarlos como una fuente complementaria dentro de la planificación energética nacional.
El crecimiento de estas iniciativas demuestra que los residuos pueden dejar de verse únicamente como un problema ambiental para convertirse en un recurso capaz de impulsar la transición energética, fortalecer la economía circular y contribuir a un desarrollo industrial más sostenible.
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