
Juan Tamariz, el mago que convirtió el asombro en un recuerdo inolvidable para Colombia
El legendario ilusionista español falleció a los 83 años, pero su particular manera de hacer magia, mezclar humor y conectar con el público permanecerá en varias generaciones.
Hay artistas que desaparecen de los escenarios, pero permanecen en la memoria de quienes alguna vez se sorprendieron con su talento. Juan Tamariz, uno de los grandes maestros de la magia y la cartomagia, falleció este 18 de agosto en Madrid a los 83 años, dejando una trayectoria que trascendió fronteras y generaciones.
Para muchos colombianos, su nombre está ligado a las noches de televisión y al Festival Internacional del Humor, escenario al que llegó en diferentes ocasiones durante décadas. Allí, sus cartas, su humor y su inconfundible personalidad hicieron parte de esos momentos que reunían a las familias frente a la pantalla.
Una vida dedicada a hacer posible lo imposible
Nacido en Madrid el 18 de octubre de 1942, Tamariz descubrió la magia cuando era niño y convirtió aquella fascinación inicial en una profesión que desarrollaría durante más de seis décadas. Su especialidad fue la cartomagia, aunque también destacó por su trabajo en magia de cerca, mentalismo y divulgación.
Su consagración internacional llegó en 1973, cuando obtuvo el Primer Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso Mundial de Magia celebrado en París. A partir de entonces, su nombre comenzó a ocupar un lugar destacado entre los grandes referentes internacionales del ilusionismo.
El mago que llevó la magia a millones de hogares
Tamariz también consiguió algo que pocos ilusionistas logran: convertir un arte especializado en un espectáculo cercano para grandes audiencias. Sus apariciones en programas de televisión como ‘Un, dos, tres… responda otra vez’ y otros espacios dedicados al entretenimiento lo hicieron reconocible para varias generaciones.
Su imagen, con el pelo largo, las gafas, la particular vestimenta y ese característico gesto de tocar un violín imaginario al terminar sus números, terminó convirtiéndose en parte de su identidad artística. Pero detrás de ese personaje había también un profundo conocimiento de la teoría y la psicología de la magia.
“La magia es conseguir los deseos imposibles.”
Más que realizar trucos, Tamariz entendía el ilusionismo como una forma de crear experiencias. Su manera de interactuar con el público, utilizar el humor y convertir cada presentación en una conversación hizo que sus espectáculos fueran mucho más que una demostración de habilidad.
Colombia también guarda sus recuerdos
La relación de Juan Tamariz con Colombia fue especialmente cercana gracias a sus numerosas participaciones en el Festival Internacional del Humor. Durante más de dos décadas estuvo vinculado a este espacio, convirtiéndose en una de las figuras internacionales que más recuerdan los espectadores colombianos.
Su presencia en el festival coincidió con una época en la que la televisión reunía a millones de personas alrededor del humor, la magia y los espectáculos internacionales. Tamariz llegó al país en distintas ediciones y compartió escenario con grandes nombres del entretenimiento que marcaron la historia del programa.
Un maestro que también enseñó sus secretos
El legado de Tamariz no quedó únicamente en sus presentaciones. A lo largo de su carrera escribió libros sobre magia y cartomagia, participó en encuentros internacionales y compartió conocimientos con nuevas generaciones de ilusionistas.
Junto con su hija Ana, también vinculada profesionalmente a la magia, impulsó una escuela en Madrid. Allí, la enseñanza no se limitó a aprender trucos, sino que incluyó aspectos como la psicología, la puesta en escena y la construcción de una experiencia frente al público.
Una despedida que deja viva la ilusión
La familia confirmó el fallecimiento de Tamariz y señaló que ocurrió en Madrid, acompañado por sus hijos y por causas naturales. Su hija Ana compartió un mensaje de despedida en el que destacó el amor que recibió de su padre y el legado que dejó a través de la magia.
Con su partida, el ilusionismo mundial despide a uno de sus grandes maestros. En España, en Colombia y en muchos otros países, sin embargo, permanecerán las cartas que parecían cambiar de lugar, las risas que acompañaban sus números y aquella sensación de que, por unos minutos, lo imposible podía hacerse realidad.
Porque Juan Tamariz no solo enseñó trucos: enseñó a mirar con asombro. Y esa quizá sea la magia que más tiempo tarda en desaparecer.






